Necesidad de su cercanía

Está fresca la tarde.Pese a que tengo medias se me congelan los pies.
El viento gélido en mis mejillas llega como puñales  y a la vez me hace tiritar.
Miro el cielo nublado y evoco sus grandes manos acariciándome con una ternura y un amor, con una calidez, que sólo él sabe, que sólo él tiene. 
Cierro fuerte los ojos y me imagino sus largos brazos rodeándome, protegiéndome de ese frio amenazante. Se me pianta un lagrimón. Cuanto lo extraño. Como quisiera que estuviera junto a mi ahora mismo. Aspirar su perfume embriagador, inventar melodías al compás de los latidos de su corazón; y como si fuera a propósito, mi oreja llega justo hasta ahí, donde descansa su inquieto palpitar, donde espero yo habitar, donde se encuentra la cajita musical que atesora las canciones de cuna más bellas, con las que espero dormirme algún día. Yo aferrada a su pecho sumiéndome en ese sonido y siendo provista de su calor, y él enganchado en mi cuerpo, cuerpo a cuerpo entrelazados por el amor, la ternura, el afecto y la necesidad de contacto del otro que nos unen.
Es la necesidad de su cercanía la que me introduce en una permanente epifanía : su mirada de profundos  ojos marrones volviéndose caramelo fundido al mirarme con otra intención, no me lo dice, pero yo experta traductora, lo descifro.
Me basta con prestarle atención a lo que sucede con su cuerpo junto a mí cuando nuestras cercanías son tales que no hay espacio ni para respirar, es él reclamándome como lo que soy : Suya. Suya desde el primer instante en que me miró. Suya para siempre.

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