Marchita

Hoy ví en el colectivo a una chica que carecía de piernas y manos, en su lugar tenía muñones. Situaciones como esa me hacen reivindicar el agradecimiento de que no sólo me hayan mantenido con vida cuando hizo falta, sino que me la devolvieron casi tal y como estaba antes de la fatalidad. Si no lo digo nadie se da cuenta. Así de prolijos fueron, sólo dejaron dos cicatrices que tampoco son tan visibles así que se refuerza esto de que es como si nunca me hubiera pasado nada.
 Camino, corro, canto,bailo (perreo hasta el piso) ,leo,escribo,amo,sufro y siento tal y como era 《antes de》; no tuve problemas de neurocognición, de locomoción, de aprendizaje, de entendimiento. Nada. Absolutamente nada. Por el contrario,《después de》 fui una nena diez , me destacaba por encima de mis compañerxs, y nunca me la creí. Nunca me creí superior a nadie. 
Por el contrario, siempre me sentí minúscula al lado de toda esa gente.
Vengo de pasar unos días heavys donde mi mente y mis pensamientos me llenaron de dolor el corazón, haciéndome creer y sentir que perdería una parte importante de mi vida. Esta semana me rodeé de amor bebístico y pude sentir que levantaba cabeza, pude sentir que no era barro lo que me tapaba, que era hielo, y ya se estaba derritiendo .
Y justo cuando me pongo a sopesar sobre qué hacer con tanta felicidad, con tanta seguridad, con tanto que yo sé que tengo para dar, me vuelven a hundir, esta vez si en el barro. En un barro en el que no veo nada y tampoco quiero ver nada.
No se si la vida está empeñada conmigo en hacerme pagar los platos rotos antes de que se me ocurra nada, no se sí estoy pagando los de otra vida, no sé. Y tampoco quiero saber. Justo cuando la primavera cocoliche había llegado a mi corazón para anidar en él y florecer, justo cuando empecé a ver los primeros esquejes de capullos, todo se desvanece. Y así me quedo. Marchita una vez más.
Pero siento que esta vez no podré (y tampoco quiero más a decir verdad) volver a florecer.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Gestionar la tristeza

Cuando el corazón ya no esperaba