Pedacitos de mi que nadie ve

Soy la casi docente.
La que ama con un amor inmenso, impaciente, generoso, esos ojitos curiosos, esas voces chillonas que gritan "seño" sin que todavía lo sea del todo.
La que ya tiene el título bordado en el alma, pero no en el papel.
La que cada vez que parece estar cerca de llegar, se vuelve a caer.

Y no es que no quiera.
Quiero.
Quiero más que nada.
Pero hay algo adentro que duele tanto, que a veces no me deja mover.

Me encierro en el baño con la excusa de que necesito un segundo, y en realidad necesito no llorar adelante de nadie.
Me siento en el piso frío, apoyo la espalda contra la pared, y me pongo esa canción que ya ni escucho, pero que necesito.
No para sanar, sino para seguir lastimándome.
Porque a veces una necesita que el dolor tenga forma, que se vea, que sangre, que arda más afuera que adentro.

Entre las hebillitas y las colitas del pelo, guardo mi secreto.
Un cutter.
Y no me enorgullece decirlo.
Pero es real.
Es lo que pasa cuando la angustia no encuentra otra salida.

Sé que esto no es lo que los demás ven cuando me ven.
Me ven dulce. Me ven fuerte. Me ven con vocación.
Y no mienten. También soy eso.
Pero a veces también soy una herida que no sabe cerrarse.

Escribo esto porque si me leo desde afuera, capaz me entiendo.
Y porque sé que hay otras como yo. Que se sienten tan cerca de cumplir un sueño y tan lejos de sí mismas al mismo tiempo.

Algún día, me voy a abrazar como abrazo a esos chiquis.
Algún día, me voy a decir "todo va a estar bien" y voy a creerme.
Algún día, me voy a decir "soy docente", y no va a ser un "casi".

Mientras tanto, escribo.
Respiro.
Y trato de no soltarme del todo.

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