Reinado de mis miserias, Trono de mi descontento.
En todas las casas al construirlas los ponen juntos por alguna razón. (Vaya trucazo, ¿no?)
A mucha gente no le afecta y les es indistinto porque de hecho, al igual que en mi caso, tienen más en el resto de su casa.
Pero ahí están ambos. Uno para devolverte la imagen desastrosa de lo que sos, y el otro para recibir tus miserias cuando, el primero ya sembró en vos lo suficiente para que te convenza y le creas.
Entonces te ves, y no. Lejos estás de esa imagen que querrías tener, lejos estás de que alguien te mire y no sea con asco, rechazo o lástima. Y a su vez, también sentís asco y rechazo de vos mismx.
Y ahí entra en escena él. Cuántas serán las veces que te verá arrodilladx junto a su base, cuántas serán las veces que te recibirá mientras en un desespero te deshacés de todo lo que guardás en tu interior antes de que sea demasiado tarde y se convierta en grasa, y en la balanza que no deja de subir.
Cuántas serán las veces que te verá llorando, tratando de deshacerte de todo eso de vos que odiás, queriendo arrancar partes de tu ser, sangrando, (como si eso sirviera para otra cosa más que sólo dejarte cicatrices, las cuales, según tu nivel de coraje probablemente no se vayan nunca).
Todo mal con la gente que habla sin saber, o habla por hablar. Quisiera que estuvieras 1 sólo día en mis zapatos, y sintieras lo que siento yo hace 24 años, que no sos suficiente ni para tu propia familia, que ni para respirar servís.
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