Entre Muros

En parte fue mi culpa. Yo me lo autoimpuse como un acto reflejo, por protección, tras haber sido dañada una y otra vez en repetidas ocasiones.
Decepción tras decepción, golpe tras golpe, fracaso tras fracaso, fueron los ladrillos que le dieron forma a estos muros que hoy me rodean.
Y a veces quiero gritar, pero sólo escucho el eco de mi propia voz resonando hasta perderse en el infinito, y es entonces que me percato de que no hay nadie más acá, nadie más que yo misma y estos muros.
Y a veces me hace bien esta soledad, me sirve para reflexionar en profundidad, para encontrarme conmigo y charlar.
Pero a veces añoro la compañía.
Aunque verdaderamente no sé qué es lo que añoro puesto que nunca tuve una compañía genuina, siempre por h o por b
aquellos que osaron llamarse compañía se me acercaron por vil interés aprovechándose de mi estupidez.
Y así siempre, una vez tras otra, y cuando no les servía más o no les daba lo que querían me descartaban cual folleto berreta.
Creo más bien, ahora llegando al final, que estos muros me los impuse para mantener a salvo mi maltrecho corazón y que en él no penetre el rencor de tanto destrato y maltrato. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Gestionar la tristeza

Cuando el corazón ya no esperaba

Marchita