Heroína de cristal
Sé muy bien que estoy rotísima. Pero me hago la fuerte, la poderosa, la "a mi no me pasa nada"; y sin embargo, por dentro me descascaro una vez más. Esa pseudoarmadura que me construí cuando salí la primera vez se empezó a rajar otra vez y por la hendidura se vuelve a colar la oscuridad.
Y me arrastra una vez más hasta las sombras, y yo soy muy débil para resistirme así que me dejo llevar. Y desde ahí escribo con la esperanza que el desahogo puesto en palabras, exteriorizado, permita quizá un halo de luz en esta oscuridad donde no amanece hace mucho.
Y mientras escribo y escucho la radio, me pregunto cuánto tardaré en ir corriendo a buscar la hojita de metal a mi escondite secreto para que mis brazos y piernas den cuenta de ello, o cuánto durará cualquier cosa que coma antes de que vaya corriendo al baño a devolverla.
Últimamente entré en un estado anhedónico. Voy a lugares y eventos para poner la cabeza en otro lado, pero Carla no va. Va mi cuerpo trasladándose entre la gente, pero yo hace rato que no estoy. No sé qué me pasó.
Simplemente ocurre que no siento nada. De tanto pedirlo a los Santos, a las estrellas, a las constelaciones, a quien corno sea, terminó por cumplírseme. Me veo incapaz de sentír, nada me conmueve.
Y si lloro con frecuencia se debe a la angustia, la única que no me abandona. Que se queda para punzarme el pecho y el estómago, recordándome que soy un cero a la izquierda para todo y para todos. Y es ahí cuando dentro de esta mina rota el dique cede y las lágrimas como un río estacionado hace tiempo fluyen, frias y saladas, por mis mejillas. (¿Qué me importa que se me corra el delineador?).
Otra vez pierdo. Otra vez vuelvo al lado oscuro. Princesa de juguete, heroína de cristal, dejá de mentirte y jugar a ser fuerte, no lo sos. No Sos nada en realidad.
Comentarios
Publicar un comentario