Nunca nos vimos

Nunca nos vimos, pero si de algo estoy segura es de que nos sentimos. 
Él era un hombre muy respetuoso, pero probablemente se comunicó conmigo a través del vientre de mi madre, lugar en el que me encontraba entonces. 
Nunca nos vimos. Porque el libro de nuestras vidas estaba escrito que así fuera. ( ¡que crueldad!) Nunca nos vimos. 
Nunca nos vimos cara a cara en esta vida terrenal. Pero sé y siento que igualmente él, en forma de partículas en el aire,  en forma de neblina y gotas de lluvia, en forma de algo que mi ojo humano no capta, él me ve cara a cara desde que abandonó su traje. 
Nunca nos vimos, pero puedo sentirlo bajo la piel cada vez que me lo cuentan, el hombre dichoso que era cuando supo de mi existencia y mi llegada. 
Nunca nos vimos. Pero lo siento al lado mío. 
A veces la oscuridad que me embarga es tan grande que lo tapa,  pero igualmente él está ahí siempre. 
Nunca nos vimos porque no pudimos mas no porque no quisimos. Yo se por lo que me cuentan, que moría por tenerme en sus brazos. 
Nunca nos vimos porque dolorosamente para mí, mientras yo respiraba por primera vez fuera del útero, él respiraba por última vez en aquella clínica. 
Nunca nos vimos. Desconozco el tono de su voz,  su cara de enojado o su sonrisa.
Nunca nos vimos, pero sé que él me imaginó. Y aunque hoy dista bastante esa imagen de lo que soy, trato de hacer mi mayor esfuerzo para que desde la inmensidad se sienta orgulloso de mi. 
Nunca nos vimos y sin embargo lo siento acá, su cuerpo ya no le pertenece pero su presencia sigue fuerte. 
Nunca nos vimos. No pudieron capturar ni una foto juntos para recordar siempre. 
Nunca nos vimos,  y aunque  obviamente hubiera querido, es mejor así. Cuando comprendí que en esa ausencia corpórea había una presencia mucho más fuerte, ya no dolió tanto. 
Nunca nos vimos. Sin embargo yo lo contemplo en esas fotos cuando lo necesito. ( Que loco necesitar a alguien a quién nunca viste) . 
Nunca nos vimos. Pero sé de una forma inexplicable que en esos momentos cruciales en que yo me encontraba en riesgo, él estaba ahí con su luz característica,  iluminándome para que la oscuridad no me tragase.  (Sí, confío en que hemos de encontrarnos alguna vez, pero no era el momento.) 
Nunca nos vimos, pero adentro mío habita muy aferrada a mi corazón (lo que permitió siempre que éste no se rompiera del todo)  un fragmento suyo. No, no está más. Pero inexplicablemente está. 
Es como si al irse un trocito de su vida ingresó a la mía y ancló allí, para que no lo olvidase, para que permaneciera junto a mi, para que al latir lo sintiera. 
Lloro su ausencia y al pensar que Nunca nos vimos. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Gestionar la tristeza

Cuando el corazón ya no esperaba

Marchita