Gris
Gris, así se veía el inmenso cielo desde el lugarcito en el mundo que era el sofá junto al gran ventanal. Gris. Anunciando lluvia, anunciando frío, anunciando malestar. Se supone que iba a continuar con la lectura del libro de turno, pero acá estoy, contemplando esta inmensa masa gris que es el cielo cubierto de nubes. Es que me distraigo fácil, y ante semejante espectáculo también cómo no.... Y veo, y miro, y observo y pienso. Pienso mucho. Al divino botón pero bue.
La 'espiral de pensamiento' me enreda y ya no puedo salir, no quiero salir. Acá estoy mejor, acá soy feliz, acá me quieren. Bien ficticio todo, como el libro que yace inerte en mi regazo...
De un sacudón me 'despabilo' por así decirlo y me encuentro con mi reflejo en el vidrio, que me contempla reprobativo. Gris. Una muchachita gris, que en su tiempo solía poseer los colores más brillantes, los del arcoiris, tonos pasteles , tonos flúo y muchos más... Pero un día creció y se dió cuenta que la vida no era el campo de girasoles por el que creia caminar, y se vió sola, triste y desdichada, sin amor, ni propio ni ajeno. Vacía, como la taza de café que reposaba en la mesita ratona de al lado. Y se encontró gris, sus colores se habían evaporado. Asi era ella, es decir yo. Gris sin más. Sentía el alma y el corazón como una nube vaporosa. Gris. Bueno, sentía, lo que se dice sentía tampoco. Lo percibía. Con sus colores se evaporaron todos sus sentimientos, y ya no le quedaba nada, vivir porque si. Porque otra no queda y hay que aguantarsela.
Cierro los ojos para alejar aquellos pensamientos, agarro el libro, lo abro en la pagina que había señalado y me enfrasco en esa historia artificial, casi como la vida misma.
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