Entradas

Mostrando entradas de julio, 2025

Cuando el corazón ya no esperaba

Llegó sin estruendo. Como el sol en invierno que calienta sin avisar. Como una canción suave que empieza bajito y termina habitándome. Yo ya no esperaba. Había aprendido a no ilusionarme con mensajes que no llegan, con promesas que se diluyen, con presencias que no terminan de quedarse. Tenía el alma un poco rancia de esperar. Y sin embargo, dije que sí. Un “ya fue” medio resignado, medio valiente. Un “vamos a ver qué pasa”, como quien salta sin mirar si hay red. Y entonces pasó. Nos vimos. Y el mundo no se detuvo, pero algo adentro mío sí. Una pausa tibia, un suspiro largo. Su abrazo fue primero silencio. Después refugio. Después hogar. Los besos no llegaron de golpe. Se tejieron despacito, entre mates y charlas, entre miradas que hablaban más que la voz. Un roce de narices, una mordida leve, una caricia que no necesitaba apurarse. Y el cuerpo, que reconoce lo que el alma ya intuía: que no era como antes. Que esta vez era distinto. Y lo sigue siendo. Cada día desde ese día. Mensajes q...

Pedacitos de mi que nadie ve

Soy la casi docente. La que ama con un amor inmenso, impaciente, generoso, esos ojitos curiosos, esas voces chillonas que gritan "seño" sin que todavía lo sea del todo. La que ya tiene el título bordado en el alma, pero no en el papel. La que cada vez que parece estar cerca de llegar, se vuelve a caer. Y no es que no quiera. Quiero. Quiero más que nada. Pero hay algo adentro que duele tanto, que a veces no me deja mover. Me encierro en el baño con la excusa de que necesito un segundo, y en realidad necesito no llorar adelante de nadie. Me siento en el piso frío, apoyo la espalda contra la pared, y me pongo esa canción que ya ni escucho, pero que necesito. No para sanar, sino para seguir lastimándome. Porque a veces una necesita que el dolor tenga forma, que se vea, que sangre, que arda más afuera que adentro. Entre las hebillitas y las colitas del pelo, guardo mi secreto. Un cutter. Y no me enorgullece decirlo. Pero es real. Es lo que pasa cuando la angustia no encuentra otra...

Estando sin estar

Hoy intenté repasar. El martes rindo un final. No uno más. Uno importante. Materia número treinta. De cuarenta y ocho. Una cifra que debería gritar “ logro ”, “ orgullo ”, “ avance ”. Pero no siento nada. Nada. Me senté frente a los apuntes. El texto borroso. El cuerpo en otro lado. La mente disociada. Como si no fuera mía. Como si este día no me perteneciera. Quise dormir, por si eso ayudaba. Pero ni siquiera eso pude. Estoy atrapada en una especie de limbo seco, árido, donde ni el descanso me abraza. Y entonces lo confirmé: la anhedonia volvió. No solo volvió. Se instaló. Me habita. No me conmueve nada. No me ilusiona nada. No me importa nada. Ni el martes. Ni la materia 30. Ni el lunes, que vuelvo a twerk, eso que siempre me rescata un poco. Me entusiasma, sí, pero solo en teoría. Porque en el cuerpo no pasa nada. No vibra. No responde. Estoy desconectada. Estoy sin estar. Y lo que más duele es esto: la angustia está tan adentro que ni siquiera puede llorarse. Está apretada en el pe...